Relato: Confesiones a Desconocidos

Hacía mucho, mejor dicho siglos que nos os subía un relato y como ayer hablé de este tema con una amiga, abriéndome a ella y contándole cosas que nadie sabe decidí hacer este relato. En este pequeño relato leeréis lo que una persona transexual piensa y confiesa a desconocidos en un grupo de autoayuda, también descubriréis como se sienten las personas que sufren de esto. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura. Ya me contaréis que tal es en la sección de comentarios.

– No soy una mujer pero si – vociferó ella en medio de la reunión – siempre me han dicho que yo debía ser mujer y aunque me siento una, también me siento hombre. Me gusta vestirme como un hombre. Poder llevar trajes con chaleco y pajarita como si nada pasase. Poder llevar el pelo lo corto que yo quiera sin importarme lo que otros piensen de eso, sin que otros digan que me hace menos mujer y no lo hace, me hace más yo. Odio los géneros de roles tan impuestos por la sociedad que no se preocupan de que algunas personas no nos sentimos ni mujer ni hombre, pero seguimos siendo una persona como otra cualquiera a la que deben tratar con normalidad. Y la sociedad no lo hace, nos margina, nos llama de todo y esto es por la falta de conciencia y de educación sobre nosotros. En el colegio nos enseñaban como hay dos géneros el masculino y el femenino. Mientras aprendías eso, por dentro dudadas de que eras porque eso no te lo enseñaban y a día de hoy siguen sin hacerlo – toma aire para poder continuar hablando – soy una mujer que adora la ropa de hombre y a quien le encantaría poder usarla siempre que quisiera, pero no, debo vestir más acorde con mi género físico, si, por tener vagina debo vestir de mujer y me cansa. Me cansa la opresión, la falta de comprensión y todo. Por ejemplo, hay empresas que hacen ropa preciosa para chicas como pijamas y luego para hombres hace los suyos con modelos masculinos. Pues bien, el otro día en un grupo alguien del sexo opuesto dijo orgulloso que se había comprado un pijama de chica de su princesa Disney favorita y yo lo vi bien, seguramente alguna persona no, pero si él quiere usarlo está en su derecho. ¿No es así? Yo creo que si, ¿vosotros que pensáis? Para finalizar quiero deciros que los que nos define como personas no son nuestros genitales ni el aspecto exterior que tenemos, sino el interior, en como nos vemos nosotros y para eso debemos estar a gusto nosotros primero y luego la gente juzgará, aunque lo harán porque no sabrán que eres o no les gustará tu yo interior, esas personas no son merecedoras de llegar a conocerte – se calla, mira al resto de la gente que está en la reunión y todos le aplauden por sus palabras, por abrirse a desconocidos, por contar sus miedos, sus inquietudes y sus deseos para ser una mejor persona, ya sea hombre o mujer.

La reunión acaba con todos dándole las gracias a ella por abrirse de tal manera y apoyándola como haría alguien que tuviera dos dedos de frente para ver lo que de verdad ella desea ser.

Hasta aquí mi pequeño relato donde hablo de la opresión sobre gente transgender y de como se ven ellos. Espero que no haya sido muy duro, ahora os dejo a vosotros juzgarlo y contarme que os ha parecido.

Nanowrimo: To Be Loved: Prólogo

Como esta es la entrada 150, si, ya llevo tantas, pensé que estaría lejos de esa cifra, pero no. A lo que iba, para esta entrada especial, os dejo el prólogo de la historia que estoy escribiendo en el Nanowrimo, que no espero acabarla este mes, solo tener la base para luego hacer algo que valga la pena.

Prólogo de To Be Loved:

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Las calles estaban mojadas y caminaba por ellas despacio y sonriendo mientras la música sonaba por los casos. Se metió una mano en uno de los bolsillos durante unos segundos, como si le gustara tocar el tacto de la entrada de la función que acaba de ver.

Torció en el semáforo y camino por una calle llena de cafeterías abiertas con terraza, pero sin gente en ellas a causa de que las sillas y las mesas seguían mojadas.

Miró al semáforo, aunque lo vio en verde, quiso seguir caminando por esa acera y lo hizo hasta que supo que tenía que cruzar o bien para seguir subiendo o bien para ir por la calle cortada al tráfico por obras.

Esperó a que uno de los dos semáforos se pusiera en verde, le importaba bien poco cual lo haría. Como lo hicieron ambos a la vez, cogió el que daba a la calle cortada por las obras y caminó por ella. Una gota de esas que se quedan pegadas a los tejados o a los letreros le cayó en la cabeza. No le importó, al contrario, lo agradeció.

Sorteó los charcos de agua, una pareja joven estaba parada sin saber que hacer con sus móviles en mano. Como no podía seguir por esa acera, camino por el asfalto a medio arreglar y cambio de acera para seguir todo recto.

Dio la casualidad que el semáforo estaba en verde, una vez que lo cruzo, el olor a frito le inundó, provenía de un pequeño local que había en una esquina. Se tocó el pelo a la vez que torcía para subir la calle que le separaba de su casa.

Cruzó el último semáforo y llegó al portal. Buscó las llaves en sus bolsillos, cuando las encontró, abrió la puerta. Luego subió las seis escaleras antes de entrar en el ascensor. Una vez en su piso, abrió la puerta y entró en calor al saber que ya estaba allí y podía descansar.

Haven, su fiel perro le saludo animado mientras esperaba que le diera la cena. Dejó su abrigo, sus guantes y su bufanda en el ropero, acto seguido apagó la música, se quitó los casos y acarició a su querido perro.  A continuación le dio de comer y se sentó agotado en el sofá.

Había sido una velada algo larga con la función a la que había ido a ver. Le hubiera gustado haberla visto con su mejor amigo, pero había preferido quedarse con su prometida aquella noche y por eso tuvo que ir solo, verse solo en sociedad no le gustaba nada.

Encendió con pocas ganas la televisión, pocas veces lo hacía y esa era de las pocas veces. Miró lo que ponían en los canales que tenía contratados, pagaba de más porque cuando Marcus, su mejor amigo y del que estaba enamorado, pero solo él y su hermana lo sabían; había contratado más canales, como tenía la esperanza de que volviera nunca los había quitado de la oferta y por eso ahora tenía 300 canales a los que no prestaba.

Christopher estaba haciendo zapeo por los 300 canales, cuando de repente encontró la película favorita de Marcus, al verla en la televisión sus lágrimas comenzaron a salirle.

Le extrañaba no vivir más con él en aquel piso y sentirle cerca para no sentirse solo como se sentía ahora aunque tuviera a su perro. Maldita sea, le quería y le importaba bien poco a que precio.

¿Qué os ha parecido? ¿Os ha picado la curiosidad o simplemente no la leeríais? Decirme lo que pensáis en comentarios.

Relato: Cuerda Floja + Novedades de mi Historia del Nanowrimo

Primero, antes de nada deciros que si en Noviembre no publico tanto como hasta ahora es porque ando enfrascada en mi historia del Nanowrimo. Pero mientras os dejo esta entrada.

En primer lugar os dejo un relato que escribí hace tiempo, pero que anoche lo modifiqué y lo hice más largo. Se titula:

Cuerda Floja

La mano en el pecho, presionando su centro del dolor. La cuerda que les unía se había roto y era difícil de reparar. Había durado mucho unida, pero de la noche a la mañana esa cuerda ya no era nada, se había convertido en polvo, en olvido. Se sentía sola, se sentía sin fuerzas de nada, solo quería volver al principio y cambiar las cosas; mejorarlas. Pero ya era tarde, ya no había tiempo para eso. Su otro igual se había ido para no volver, la había dejado atrás y no volvería a por ella. Lloraba por la perdida de su semejante.

Su pecho le oprimía cada vez más y más, le dolía tanto que se dio golpes en él, golpes cada vez más fuertes hasta que no sintió nada. Un último aliento salió de su boca para decir adiós por última vez. Si no tenía a su semejante, ya no le valía la pena seguir viviendo, ya no quería saber nada de la sociedad.

Ya estaba, ya no existía, ella ya no estaba viva, ahora era solo un cuerpo inerte y todo había sido porque el amor de su vida había desaparecido para siempre.

Cuando encontraron su cuerpo inerte sin vida, lloraron por ella, se había ido joven, pero había dejado una nota, una nota para su amor, el amor que la abandonó sin razón alguna, bueno si, por una razón, porque necesitaba vivir lejos y experimentar nuevas cosas, algo que a ella le sentó mal.

Antes de quitarse la vida, se pasaba los días llorando, recordando cosas de su vida en pareja y comiendo helado, hasta que un día estalló y ahora no era nadie. Ya no tenía vida, ahora era algo que no servía para nada.

Fue enterrada en el mausoleo familiar y su semejante le dio el último adiós como se merecía. Leyó la carta llena de sentimientos que le había preparado y se sintió miserable y quiso quitarse la vida para estar junto a ella. Y lo hizo, se tiró al mar y se ahogó, no querían que encontraran su cuerpo, quería ser devorado por los tiburones.

Una vez muerto, se fue a reunir con su amada, le pidió perdón unas mil veces y ella se le perdonó, porque ahora estarían juntos el resto de su vida, su vida como entes sin un cuerpo humano que se va muriendo con el paso de los días poco a poco hasta morir del todo.

¿Qué os ha parecido el relato? ¿Os ha gustado o por el contrario no? ¿Por qué?

A continuación os contaré las novedades de mi historia del Nanowrimo. Os pocas, pero valen la pena.

La historia ya tiene título, sinopsis y el prólogo, si, tiene prólogo que había escrito en Agosto, que le dije a una amiga que para algo utilizaría y para algo voy a usar. A su vez, me podéis encontrar en la página de Nanowrimo con el nombre: Fairylovetale

To Be Loved

Vivía solo, estaba enamorado de su mejor amigo y sabía que lo suyo con él era imposible. ¿Por qué? Porque su mejor amigo estaba casado con una mujer. Pero el destino quiso que hiciera algo, así que mientras investigaba con su mejor amigo un caso a lo Sherlock Holmes y John Watson de las novelas de Conan Doyle, algo le golpeó la cabeza y le transportó a 1930, su época favorita de Londres.

¿Estaría allí por algún caso que tendría que resolver? O ¿Por qué el destino quería darle una segunda oportunidad en cuanto al amor? No sabía nada, pero debía averiguarlo, tenía dos semanas para eso y si no se daba prisa en hacerlo, perdería todo lo que tenía y se quedaría allí para siempre.

¿Os gusta el título y la sinopsis? ¿Tenéis ganas de saber más? Pues aquí os dejo un tablero de Pinterest con los nombres de los protagonistas de la historia y los actores que he utilizado:

Frío y Oscuridad

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Fría como la nieve, oscura como la noche. Era todo lo que era, una mujer diferente a lo que había sido. Una mujer que le gusta ser misteriosa, por la razón que fuera.
Le gustaba dormir por el día y por las noches deambular por las calles casi desérticas hasta llegar a donde era feliz, el cementerio. Allí se quedaba horas leyendo con una linterna y nadie le decía nada.

Era su rincón, su vía de escape y su hogar. Allí estaban las personas que había amado toda su vida, sus padres. Se sentía sola por el día menos cuando podía ir a estar con ellos sin que nadie le dijera nada.

Ella era una no humana, pero sin padres, era una mujer eterna solitaria. No tenía ya nada.

Sentirse sola no era lo que esperaba, pero es que estaba así, cosas del destino.

Era no humana, porque había sido convertido en vampira cierta noche cuando todo aquello comenzara a cambiar. ¿Cómo? Ya ni se acordaba.

Por eso dormía por el día, porque la luz del día le molestaba más que cuando había sido humana.

Estaba sola y se notaba, pero siempre recordaría sus días felices, cuando había tenido a sus padres.

Sueños

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Las hojas cayeron como si la primavera fuera a ser otoño. ¿El mundo se había vuelto loco o era ella la que ya no estaba cuerda?

Se tumbo en la cama y pensó en todo desde el accidente y no encontraba respuestas. Es como si hubiera lagunas mentales o recuerdos inventados. ¿Qué pasaba?

Se inventó la teoría de que estaba soñando. De que eso no era real, de que su mente le jugaba una mala pasada.

Y así fue, se pellizco y se despertó donde menos se lo hubiera imaginado, en una camilla en el hospital. ¿Qué hacía allí?

Se frotó la cara y miró al espejo que había, no se reconocía, tenía el pelo más largo que como lo recordaba. Su cara era más pálida. ¿Cuanto llevaba allí?

Una enferma entró y al verla despierta, le contó todo, que había pasado y ella tardo un par de días en asimilarlo; pero lo hizo, lo asimiló.